domingo, 22 de mayo de 2011

En locomotora de vapor por Europa



El andén de la estación de trenes está rebosante de gente apresurada, hasta arriba de maletas, corriendo de aquí para allá. El gran reloj que pende del techo advierte a muchos de su retardo, o de su espera. Es un punto del mapa del que partes para empezar una nueva etapa de la vida, un punto de reencuentros o simplemente rutina.
Sea como fuere, la gente que está aquí, en la estación, tiene un mapa trazado con su estudiado destino.
El ferrocarril no deja de ser un transporte, un medio que une destinos, vías de hierro casi imprecisas por su lejanía.
Vivir en la imprecisión, por impulsos, subirse a un tren sin equipaje, sin mapas, sin decisiones, y así cruzar Europa.


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