Las olas sacuden ligeramente la barca. El agua consigue reflejos anaranjados, el sol está cayendo. Enciendo el motor nuevamente, tras una larga siesta flotando en el océano. Todavía tengo tiempo de pasar por La Floreana antes de ir a casa.
Me llamo Amelia, vivo en Puerto Baquerizo, en las Islas Galápagos. Desde hace algún tiempo la rutina de mi vida me ha empujado a escapar con mi pequeño barco hasta una pequeña isla, La Floreana, donde prácticamente no hay nada más que mar y un pedazo de tierra. Allí se pasean de vez en cuando un grupo de gente, mis "espectadores", y cada día, represento una función.
En la capital, mi vida es de lo más normal, una vida anónima entre otras muchas. Por el contrario, en La Floreana, rodeada de rebosante calma e inusual expectación, dejo que conozcan a mi otro yo, ese que es interesante.
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