miércoles, 15 de junio de 2011

Le Cirque du Soleil

Las luces bailan por todo el escenario otra vez. El clamor de los espectadores se extiende por toda la carpa. Los nervios me asaltan de nuevo, nos dan la señal. Comienza la función. Rápidamente trapecistas, acróbatas, mimos,... llenan todo el espacio, es hora de hacer soñar al público con nuestro espectáculo. En unos pocos pasos me encuentro al frente de cientos de personas interesadas en nuestro oficio.
De la parte superior de la gran carpa, descuelgan levemente unas lámparas barrocas, de difícil descripción a causa de sus infinitos detalles. Uno, dos, tres... Los movimientos de mi cuerpo son mecánicos, igual que en los ensayos, me digo. Alguien me aúpa por detrás para que pueda alcanzar la lámpara y entonces la hago girar y girar y girar, hasta que las luces se confunden con los hierros del lamparón, y ya no soy consciente de lo que hago. Los voceríos de los espectadores me recuerdan donde estoy, y mi cuerpo continúa moviéndose. Y los colores, los disfraces, las luces, los objetos,... Todo se funde creando la magia del circo.

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